
La diabetes y el dolor conviven afectando de forma consi-derable a la calidad de vida de las personas. Las cifras son contundentes: entre el 40% y el 60% de los pacientes con dia-betes refieren algún dolor crónico persistente o recu-rrente, siendo el dolor neuropático el más incapacitante.
Como médico de familia, cuido mucho el momento de dar una noticia de debut de una patología, porque cuando apa-rece la diabetes, lo que duele es el alma. El diagnóstico de una enfermedad crónica afecta a toda la vida de la persona que la padece y también a su familia y su entorno. Es verdad que, inicialmente, no somos muy conscientes de todo lo que supone, pero en el avance de la vida es necesario e impor-tante estar acompañado por profesionales y dejarse ayudar para poco a poco, conseguir la aceptación e integrar una nueva forma de vida en una vida anterior.